15. may., 2021

Política Migratoria y Racialización de Refugiados Centroamericanos en la Frontera Sur de los Estados Unidos

Alfonso Gonzales
Director, Latino & Latín American Studies Research Center
University of California. Riverside


Desde hace años que la situación de migrantes y refugiados centroamericanos en busca de asilo en los Estados Unidos ha capturado la atención de la opinión pública en dicho país. Las altisonantes, y con frecuencia abiertamente racistas interpretaciones que se hacen de estos procesos, poco y nada ayudan a que el debate público sobre las crisis humanitarias en la frontera sur se alinee con elementos básicos del derecho internacional que protege a los refugiados y personas que buscan asilo. En este sentido, ¿cómo es posible que un país que con frecuencia hace gala de una retórica liberal sobre la democracia y libertad tenga una respuesta tan insuficiente con respecto a una crisis humanitaria que se arrastra por décadas en su frontera sur? Este texto busca entregar algunos elementos para entender las estructuras que perpetúan un trato anti-liberal y racializado de los migrantes centroamericanos que buscan refugio en los Estados Unidos.

Los migrantes centroamericanos, incluyendo a quienes solicitan asilo y los refugiados, efectivamente provienen de economías con mayores niveles de pobreza y menores niveles de educación que México, por ejemplo. Pero esta no es la razón por la cual los Estados Unidos tiene menos interés en recibir refugiados de Centro América. Los Estados Unidos concedía menos de un 3% de las solicitudes de asilo hechas por centroamericanos bajo buena parte de la administración Obama, estas prácticas continuaron con la presidencia de Trump y es probable que se mantengan bajo la administración Biden, a pesar de sus esfuerzos por aparecer adoptando una aproximación más humanitaria con respecto a este asunto.
 
 
Para entender cómo son tratados los centro americanos en la frontera debemos observar tanto los números de niños y niñas que llegan, pero también la arquitectura mucho más amplia de políticas anti-inmigrantes y anti-refugiados establecidas desde 1996. Entonces, hay un incremento aparente en el número de personas solicitando asilo bajo la administración de Biden comparado con el período de Trump en la presidencia.
 
Pero esto no significa que exista una oleada de personas saliendo de América Central porque Biden está entregando green cards, tal como a algunos sectores de los medios y emisarios de derecha les gustaría hacernos creer. Muchos de los solicitantes de asilo ya estaban viviendo en México, el cual se ha convertido en una suerte de colchón - casi una suerte de tercera frontera- para los centroamericanos. Es cierto de este incremento se explicaría parcialmente por los migrantes centroamericanos que dejan las ciudades fronterizas mexicanas para intentar ingresar en los Estados Unidos en lo que parece ser un clima más tolerante hacia los refugiados y migrantes.
 
Sin embargo, esta no es toda la historia. Tampoco esto es un indicador de una agenda liberal con respecto a la inmigración que busca abrir las “compuertas” de los Estados Unidos para la gente que proviene de América Central. La mayor parte perderá sus casos de asilo y será procesado para deportación y muchos ni siquiera tendrán la oportunidad de ver a un juez y poder atesorar su “día en la corte”. Existe una arquitectura institucional y cultura de la denegación que le permite a los Estados Unidos evitar que la mayoría de los centroamericanos, mexicanos y haitianos obtengan asilo aún cuando presentan su caso frente a un juez.
 
Estas políticas han sido influenciadas por una constelación de “Think Tanks” y organizaciones enfocadas en el diseño de políticas públicas financiadas por John Tanton, un médico y pensador eugenésico de Michigan que hacía gala de una preocupación fanática respecto a la composición racial y étnica de los Estados Unidos. Él quería asegurar que los Estados Unidos mantuviera una clara mayoría euro-americana, mientras suscribía al mismo tiempo la idea de que los europeos occidentales son genéticamente superiores y más aptos tanto para convertirse en ciudadanos estadounidenses y participar en la democracia que las personas provenientes de México.

La Federación para la Reforma Inmigratoria Americana, el Centro para los Estudios sobre Inmigración y Numbers USA, todas ellas organizaciones creadas por Tanton, adquirieron forma ante el temor que los Estados Unidos aprobara otra iniciativa legal como la Ley de Reforma de Control Inmigratorio (LRCI) de 1986, la que otorgaba una amnistía a más de 1 millón de inmigrantes indocumentados. Estas organizaciones han erróneamente argumentado que la LRCI estableció las bases que facilitaron una mayor inmigración desde México y la transformación demográfica que lugares como el sur de California experimentaron en los noventas, sin considerar en absoluto el rol que las políticas exteriores en la creación de las condiciones que desplazaron a la población rural de México, mucho antes de la ley de 1986 entrara siquiera en efecto.

Así es como el enjambre de organizaciones financiadas por Tanton asumieron la tarea de prevenir una reforma inmigratoria que otorgara cualquier forma de amnistía dirigida a indocumentados – especialmente para aquellos de México y otros países hispanohablantes- nunca más tuviera lugar. De hecho, desde 1996 estas organizaciones han tenido un rol activo en desactivar una serie de propuestas para reformar la ley de inmigración. Pero esto no es suficiente para estas organizaciones recién descritas. Pues su segundo objetivo es crear políticas de inmigración y asilo mucho más restrictivas hacia México y, por defecto, hacia otras naciones Latinoamericanas.

Por ejemplo, la reforma sobre inmigración ilegal y de responsabilidad del inmigrante fue influenciada fuertemente por las ideas eugenésicas de John Tanton y sus organizaciones. Dando forma a leyes cuyos mecanismos de deportación sumaria previenen que la gente pueda comparecer y exponer su caso de asilo frente a un juez. Las ideas contenidas en estas leyes, así como las ideas seminales del fallecido cientista político James Q. Wilson que, en un muy influyente artículo para el New York Times, estableció los fundamentos tras el diseño de tolerancia cero de la administración Trump la que apuntaba directamente a los centroamericanos que solicitaban asilo.

Por tanto podríamos afirmar que los últimos 30 años de políticas inmigratorias y de refugiados se han enfocado en su mayor parte a clasificar racialmente, dejando afuera a aquellos señalados como racialmente inaptos  para la sociedad y democracia estadounidense, y por tanto impidiendo que ellos puedas vivir bajo condiciones mínimas de igualdad y justicia. La arquitectura legal usada para denegar asilo para los centroamericanos no se puede separar de las políticas raciales hacia los mexicanos que han definido al suroeste de los Estados Unidos por más de 170 años.

Si queremos vivir en una democracia que está a la altura de su promesa para con la sociedad que representa y su retórica global de ser los “buenos de la película” luego de la Segunda Guerra Mundial, debemos tratar a los refugiados de América Central y otras regiones de forma mucho más justa. Sin embargo, aún seguimos profundamente divididos – cerca de 70 millones de personas votaron por Trump y buena parte de quienes lo apoyan tienen una afinidad con este tipo de políticas neo-eugenésicas y posiciones intransigentes frente a la inmigración.

Pese a todo esto, hay una acumulación de fuerzas en amplios sectores de la sociedad, muchos de ellos latinos e incluso progresistas blancos, afroamericanos y recientemente asiáticos que quieren ver a los Estados Unidos bajo esta nueva administración trate a aquellos históricamente excluidos y marginalizados con mayor dignidad. Estos conflictos y divisiones no se van a desvanecer espontáneamente.

Si los Estados Unidos quiere enfrentar el problema de los refugiados centroamericanos, primero debemos reconocer el hecho de que hemos desestabilizado El Salvador, Guatemale y Honduras durante buena parte de los 80’s e inicios de los 90’s, cuando los Estados Unidos combatía movimientos guerrilleros que buscaban justicia social y económica en la región. De este modo, dejamos toneladas de armamento, gente entrenada para la guerra y una generación completa de jóvenes traumatizados por la violencia.

Esto creó las condiciones ideales para que las pandillas, violencia de género, separaciones familiares e impunidad, factores que son la razón central del por qué la gente huye de esta región. La combinación de armas, trauma, juventud y soldados y guerrillas desmovilizadas en un país post-conflicto generan sociedades inestables. Esta es la misma lección aprendida en Sudáfrica, Colombia, y varios países del este de Europa. Entonces, ¿por qué pensamos que América Central habría de ser diferente? Un punto de inicio es reconocer que los Estado Unidos es parcialmente responsable por la inestabilidad en dicha región es el primer paso para hacer lo correcto tanto con América Central como con los centroamericanos en los Estados Unidos.