17. ago., 2021

Plurinacionalidad y Estado: un debate necesario a propósito de la experiencia boliviana

Cristina Oyarzo Varela
Investigadora del Instituto de Estudios Internacionales INTE

En Chile la demanda por Estado Plurinacional se expandió con fuerza en los debates políticos a partir del ciclo de protestas que comenzó en 2019, aunque ya había sido planteada por la acción de pueblos originarios. Hoy es una cuestión de suma relevancia no solo para los pueblos aimara, mapuche, rapa nui, quechua, licanantay, diaguita, colla, chango, kawashkar, yagán, afrodescendiente, sino que también para amplios sectores de chilenas y chilenos. Esto, pues la cuestión excede a las organizaciones indígenas, a las y los especialistas dedicados al tema, y ha sido puesta en el centro de los discursos que buscan una transformación sustancial del territorio que llamamos Chile.
 
Sin embargo, la sola enunciación de este consenso relativo de una parte de la población es insuficiente para dimensionar el alcance y densidad de los asuntos tratados. La relación entre los conceptos de Estado y plurinacionalidad es problemática, pues el peso de la tradición en la asociación del Estado y la nación (en singular) tiene el efecto de subsumir las dimensiones relacionales de la plurinacionalidad por fuera de lo institucional, debilitando su politicidad original. La plurinacionalidad excede a la nomenclatura de estado plurinacional, y esto no debe pasar desapercibido.
 
Usando como referencia la experiencia boliviana, podemos trazar la historia del concepto, su presente y desafíos a futuro. La idea de plurinacionalidad apareció en 1983 y luego de circular en espacios intelectuales y políticos se consolidó en la Constitución de 2009, cambiando la denominación del Estado, e intentando transformar su estructura. En este rango temporal, la noción pasó de ser una propuesta particular de un grupo situado, a ser una innovación institucional, de carácter general, aplicable a toda la sociedad.
 
Con la llegada al poder del Movimiento Al Socialismo (MAS) en 2006 se logró instalar la Asamblea Constituyente, y tras un proceso intenso y accidentado se promulgó la Constitución Política que estableció el Estado Plurinacional de Bolivia. En la Carta, la palabra compuesta pluri-nacional aparece escrita 135 veces, y la noción de pluri-nacionalidad, solo 2. Es decir, el concepto es usado principalmente como adjetivo para calificar instituciones, sin llegar a delimitar los alcances y las obligaciones que debía implicar para superar la lógica puramente declarativa.
 
La idea de plurinacionalidad se usó en Bolivia como una respuesta pragmática al problema de la herencia colonial actualizada, permanentemente, en el espacio de la política. No obstante, el horizonte al que pareciera aspirar el uso de la noción en la Constitución era el presente, es decir, a nominar una realidad que ya existía. Se nominó el Estado, se nominó la Asamblea Legislativa, se nominó a la justicia como plurinacional. En esta forma de dotar de cualidad plurinacional a las instituciones, pareciera estar operando la lógica del reconocimiento, fundada en la llegada de una fuerza predominante que se distingue de las anteriores solo desde los matices. La articulación del MAS y su propuesta política, anclada en las expectativas de desarrollo nacional, adopta y adapta la politicidad de lo plurinacional con límites. En este modo de nombrar, se visibiliza el énfasis en el Estado y el predominio de la dimensión institucional como freno a la dimensión política.
 
Considerando la fuerza con que se materializó el discurso de los pueblos originarios en la norma fundamental del Estado ¿Cómo evitar aquella simplificación en los debates abiertos en Chile y América Latina hoy? Por ello, propongo entender el concepto de plurinacionalidad como un marcador de transformaciones abiertas, en las que se disputan significados y relaciones de fuerza. La idea de plurinacionalidad recoge trayectorias muy específicas, dotadas de significados que se han ido montando a lo largo de las experiencias de sujetos y colectivos, pues las relaciones entre el Estado y los pueblos indígenas han sido producidas no solo desde la dimensión institucional, sino que también desde el espacio de la práctica. Hay gestos, preguntas, insistencias, repeticiones de conductas y expectativas que han ido marcando no solo el modo en que se concibe el Estado a sí mismo, sino también los pueblos originarios. La relación es mutuamente constituyente.
 
Entender el Estado en una asociación restrictiva con la nación constriñe la imaginación política de los sujetos. Vale la pena preguntarse: ¿Es posible, por un momento, obliterar los conceptos de estado y nación para dar espacio a la creación de otras formas de política? Si es así, la plurinacionalidad podría ser pensada como un mecanismo para revertir y modificar la asimetría en las relaciones entre colectivos histórico-culturales y/o comunidades políticas, más allá de la lógica declarativa y adjetivada.